Hay películas que triunfan en la taquilla, otras que reciben el aplauso de la crítica y unas pocas que consiguen alterar la manera en que el cine representa a la sociedad. Taxi Driver, estrenada en 1976 —aunque llegó al gran público en numerosos países, entre ellos Estados Unidos, durante 1976 y 1977, según el calendario de distribución— pertenece a esta última categoría. Dirigida por Martin Scorsese y escrita por Paul Schrader, la obra se convirtió en un retrato despiadado de la alienación urbana, la violencia y la soledad del individuo moderno, elevando a Robert De Niro a la categoría de actor de culto y consolidando a Scorsese como uno de los grandes autores de la historia del cine.
Casi cinco décadas después, Taxi Driver continúa siendo objeto de análisis académicos, inspiración para cineastas y motivo de intensos debates sobre la violencia, la salud mental y la responsabilidad del arte. Su influencia trasciende el cine: es un espejo de una época y, al mismo tiempo, una advertencia sobre problemas que siguen vigentes.
El origen de una historia nacida de la desesperación
La semilla de Taxi Driver surgió de uno de los períodos más oscuros en la vida del guionista Paul Schrader.
A comienzos de los años setenta, Schrader atravesaba una profunda crisis personal. Había terminado una relación sentimental, vivía prácticamente sin dinero, sufría depresión, abusaba del alcohol y pasó varias noches durmiendo en su automóvil mientras recorría las calles de Los Ángeles.
En numerosas entrevistas recordó que apenas mantenía contacto con otras personas y que los cines y los automóviles eran los únicos lugares donde encontraba refugio.
Como él mismo explicó años después: «Me di cuenta de que me había convertido en una persona encerrada dentro de una caja de metal que recorría la ciudad sin conectar con nadie».
Aquella imagen del automóvil como una cápsula de aislamiento terminó transformándose en un taxi y dio origen a Travis Bickle, un veterano de la Guerra de Vietnam incapaz de reintegrarse a la sociedad.
Schrader escribió el guion en apenas diez días, impulsado por una creatividad casi compulsiva. Más tarde reconocería que nunca volvió a experimentar un proceso de escritura tan intenso.
El encuentro con Martin Scorsese
Cuando Martin Scorsese leyó el libreto quedó profundamente impresionado.
El director acababa de filmar Alice Doesn’t Live Here Anymore y buscaba un proyecto más personal. Encontró en el texto de Schrader una oportunidad extraordinaria.
Scorsese recordaría años más tarde: «Sentí que conocía a Travis Bickle. Era una parte oscura de mí mismo y también de la ciudad».
Para el director, la película no debía ser únicamente la historia de un hombre perturbado, sino un retrato de una sociedad enferma.
Robert De Niro: la transformación absoluta
Después de obtener el Óscar por The Godfather Part II, Robert De Niro aceptó interpretar a Travis Bickle.
Como era habitual en él, llevó la preparación hasta niveles casi obsesivos.
Obtuvo una licencia oficial para conducir taxis en Nueva York y durante varias semanas trabajó como taxista real, transportando pasajeros sin revelar su identidad.
También perdió cerca de 16 kilos para reflejar el deterioro físico del personaje y estudió el comportamiento de veteranos de guerra que sufrían trastornos psicológicos.
Una de las escenas más famosas de la historia del cine surgió casi por accidente.
Frente al espejo, De Niro comenzó a improvisar: «You talkin’ to me?»
La frase no aparecía desarrollada de esa manera en el guion. El actor improvisó distintas variaciones hasta construir una secuencia que terminaría convirtiéndose en uno de los diálogos más célebres del cine mundial.
Décadas después fue incluida entre las frases más memorables por el American Film Institute.
Una niña de doce años que deslumbró a Hollywood
Uno de los aspectos más delicados del rodaje fue la participación de Jodie Foster, quien tenía apenas 12 años cuando interpretó a Iris, una adolescente explotada sexualmente.
Debido a su edad, varias escenas fueron supervisadas por psicólogos infantiles y especialistas contratados por la producción.
Además, algunas secuencias consideradas demasiado complejas fueron interpretadas parcialmente por una hermana mayor de Foster como doble.
Scorsese siempre destacó la extraordinaria madurez de la actriz.
«Era increíblemente inteligente. Comprendía perfectamente la diferencia entre la ficción y la realidad».
Aquella interpretación le valió una nominación al Premio Óscar como Mejor Actriz de Reparto, convirtiéndola en una de las nominadas más jóvenes de la historia.
El Nueva York más oscuro jamás filmado
Resulta difícil comprender Taxi Driver sin entender la ciudad donde fue rodada.
Durante la primera mitad de los años setenta, Nueva York atravesaba una de las peores crisis económicas y sociales de su historia.
La ciudad sufría:
- Altísimas tasas de criminalidad.
- Prostitución visible en gran parte de Times Square.
- Consumo masivo de drogas.
- Violencia callejera.
- Basura acumulada durante conflictos sindicales.
- Quiebra financiera municipal.
Scorsese decidió filmar en escenarios reales durante la noche para capturar aquella atmósfera decadente.
Las luces de neón reflejadas sobre el pavimento mojado terminaron convirtiéndose en uno de los elementos visuales más influyentes del cine contemporáneo.
Anécdotas de un rodaje lleno de riesgos
El presupuesto apenas alcanzaba los 1,9 millones de dólares, una cifra modesta incluso para la época.
Muchas escenas fueron filmadas sin cerrar completamente las calles.
En varias ocasiones los peatones que aparecen caminando frente a la cámara ni siquiera sabían que estaban participando en una película.
La secuencia final presentó otro desafío.
La violencia gráfica preocupaba a la MPAA, organismo encargado de clasificar las películas en Estados Unidos.
Para evitar una clasificación que limitara severamente su exhibición comercial, Scorsese tomó una decisión ingeniosa: redujo parcialmente la saturación del color durante la masacre final para que la sangre pareciera menos intensa.
Paradójicamente, ese efecto terminó aumentando la sensación de pesadilla.
La inolvidable banda sonora de Bernard Herrmann
La música fue compuesta por Bernard Herrmann, uno de los mayores colaboradores de Alfred Hitchcock.
El compositor terminó la grabación pocas horas antes de fallecer el 24 de diciembre de 1975.
Taxi Driver fue, por tanto, su último trabajo.
La mezcla entre jazz melancólico y tensión orquestal ayudó a definir la personalidad del protagonista y hoy es considerada una de las mejores bandas sonoras de la historia del cine.
El estreno y la conquista de Cannes
La película tuvo su estreno mundial en el Festival de Cannes, el 20 de mayo de 1976.
La recepción fue tan intensa como dividida.
Mientras parte del público quedó impactada por la violencia y el retrato psicológico del protagonista, la crítica especializada la calificó inmediatamente como una obra maestra.
El jurado presidido por Tennessee Williams le otorgó la Palma de Oro, el máximo reconocimiento del festival.
Aquella victoria cambió definitivamente la carrera de Scorsese.
El éxito comercial
Aunque hoy suele recordarse como cine de autor, Taxi Driver también fue un importante éxito financiero.
Con un presupuesto cercano a los 1,9 millones de dólares, recaudó aproximadamente 28 millones durante su exhibición original en Estados Unidos, multiplicando varias veces la inversión.
A lo largo de las décadas, las sucesivas reposiciones en salas y los formatos domésticos elevaron considerablemente sus ingresos.
En el ranking de taquilla estadounidense de 1976, la película terminó entre las producciones más rentables del año, un logro notable considerando su carácter oscuro, su violencia y la ausencia de concesiones comerciales.
Premios y reconocimientos
Además de la Palma de Oro, la película acumuló importantes distinciones.
Entre ellas destacan:
- Palma de Oro en el Festival de Cannes (1976).
- Cuatro nominaciones al Premio Óscar (1977):
- Mejor Película.
- Mejor Actor (Robert De Niro).
- Mejor Actriz de Reparto (Jodie Foster).
- Mejor Banda Sonora Original (Bernard Herrmann).
- Nominaciones a los Globos de Oro.
- Premios de la crítica de Nueva York, Los Ángeles y otras asociaciones cinematográficas.
Aunque no ganó ningún Óscar, el paso del tiempo consolidó su prestigio hasta convertirla en una de las películas más admiradas de la historia.
Su posición en los grandes rankings del cine
Con los años, Taxi Driver ha escalado de forma constante en prácticamente todas las listas de referencia.
Entre las más prestigiosas figuran:
- American Film Institute (AFI): incluida entre las 100 mejores películas estadounidenses de todos los tiempos.
- Sight & Sound (2022): elegida entre las 100 mejores películas de la historia según la votación internacional de críticos.
- Empire: incorporada a su lista de las 500 mejores películas de todos los tiempos.
- IMDb: mantiene una valoración superior a 8,2/10, situándose de forma permanente entre los clásicos mejor valorados por el público.
- Rotten Tomatoes: conserva una aprobación crítica superior al 89 %, con consenso prácticamente unánime sobre su importancia histórica.
En 1994, además, fue seleccionada para su preservación en el National Film Registry de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, por ser considerada una obra «cultural, histórica y estéticamente significativa».
La controversia que nunca desapareció
Desde su estreno, la película generó fuertes discusiones.
Algunos críticos la acusaron de glorificar la violencia.
Otros interpretaron el desenlace como una peligrosa legitimación del justiciero solitario.
Scorsese respondió reiteradamente que el objetivo era exactamente el contrario.
«Travis no es un héroe; es un hombre profundamente enfermo».
Paul Schrader coincidía con esa lectura: «La sociedad convierte accidentalmente en héroe a alguien que necesitaba ayuda».
El atentado contra Ronald Reagan
La repercusión social alcanzó un nivel inesperado en 1981.
John Hinckley Jr., obsesionado con Jodie Foster después de verla en Taxi Driver, intentó asesinar al presidente Ronald Reagan con la esperanza de llamar la atención de la actriz.
El hecho reabrió el debate mundial sobre la influencia del cine en la conducta violenta.
Aunque nunca se estableció una relación causal entre la película y el atentado, el episodio convirtió a Taxi Driver en objeto de estudios psicológicos, sociológicos y criminológicos.
Una influencia imposible de medir
Pocas películas han dejado una huella tan profunda.
Directores como Quentin Tarantino, David Fincher, Christopher Nolan, Darren Aronofsky, Todd Phillips, Nicolas Winding Refn y Bong Joon-ho han reconocido la influencia de Scorsese en su forma de entender el cine.
Es posible rastrear elementos de Taxi Driver en películas como:
- Joker (2019).
- Drive (2011).
- Falling Down (1993).
- American Psycho (2000).
- Nightcrawler (2014).
Todas ellas presentan protagonistas aislados, moralmente ambiguos y desconectados de la sociedad, una herencia directa de Travis Bickle.
Influencia social: el nacimiento del antihéroe moderno
Más allá del cine, Taxi Driver redefinió la figura del protagonista.
Hasta entonces, Hollywood privilegiaba héroes claramente identificables.
Travis Bickle rompió esa tradición.
Era un hombre incapaz de relacionarse, lleno de contradicciones y emocionalmente inestable.
El espectador podía comprender su sufrimiento sin justificar sus acciones.
Ese modelo psicológico abrió el camino para generaciones de personajes complejos que dominarían el cine de las décadas siguientes.
La película también impulsó debates sobre el abandono de los veteranos de guerra, la salud mental, la violencia urbana y la marginación social, temas que siguen siendo extraordinariamente actuales.
El legado de una obra inmortal
Con el paso del tiempo, Taxi Driver dejó de ser únicamente una película para convertirse en un fenómeno cultural. Su extraordinaria combinación de realismo urbano, profundidad psicológica, innovación visual y valentía narrativa modificó las reglas del cine estadounidense e inspiró a incontables realizadores.
La actuación de Robert De Niro, la dirección de Martin Scorsese, el guion confesional de Paul Schrader y la inolvidable música de Bernard Herrmann confluyeron en una obra irrepetible que continúa interrogando al espectador sobre la soledad, la violencia y el fracaso de las instituciones para integrar a quienes quedan al margen.
Como escribió la crítica Pauline Kael tras su estreno: «No es simplemente una película sobre un hombre perturbado; es una película sobre un país perturbado».
Esa observación resume la vigencia de Taxi Driver. Más que un retrato de Nueva York en los años setenta, es una exploración universal de la alienación humana. Cada nueva generación descubre en Travis Bickle un personaje incómodo, inquietante y, precisamente por ello, inolvidable.
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