Pocas películas consiguen trascender el entretenimiento para convertirse en una radiografía de su tiempo. «RoboCop», estrenada el 17 de julio de 1987, es una de ellas. Lo que en apariencia era una cinta de acción ultraviolenta protagonizada por un policía convertido en cyborg terminó siendo una de las sátiras políticas y sociales más inteligentes del cine contemporáneo. Dirigida por Paul Verhoeven y protagonizada por Peter Weller, la película no solo revolucionó los efectos especiales y el cine de acción, sino que anticipó debates que hoy dominan el mundo: la inteligencia artificial, la privatización de los servicios públicos, la automatización del trabajo, la vigilancia masiva y la deshumanización provocada por las grandes corporaciones.

Una idea nacida por casualidad

La historia comenzó de manera casi accidental.

El joven guionista Edward Neumeier trabajaba en los estudios de Warner Bros. durante la producción de Blade Runner (1982). Fascinado por la mezcla entre seres humanos y máquinas, imaginó una pregunta que cambiaría su carrera: «¿Qué pasaría si un policía se convirtiera en un robot?»

Aquella idea evolucionó junto al guionista Michael Miner, quien aportó una fuerte carga política inspirada en el auge del neoliberalismo de los años 80, el crecimiento de las corporaciones y la violencia urbana en ciudades como Detroit, elegida como escenario de la historia precisamente por simbolizar el declive industrial de Estados Unidos.

Paul Verhoeven estuvo a punto de rechazar el proyecto

Cuando el guion llegó al director neerlandés Paul Verhoeven, su reacción inicial fue negativa.

El cineasta confesó que leyó apenas unas páginas antes de arrojar el libreto a la basura porque el título le parecía absurdo.

Fue su esposa, Martine Verhoeven, quien rescató el guion y le insistió que continuara leyendo.

Al terminarlo comprendió que no se trataba de una simple película de acción.

Era una sátira sobre el capitalismo, los medios de comunicación, la violencia y la pérdida de identidad.

Décadas después reconocería: «Entendí que era una historia sobre Jesucristo, sobre un hombre que muere, resucita y busca recuperar su humanidad.»

Aquella interpretación religiosa marcaría toda la puesta en escena del filme.

La búsqueda del RoboCop perfecto

El estudio consideró inicialmente a varios actores para interpretar a Alex Murphy, entre ellos Arnold Schwarzenegger, cuya popularidad crecía tras The Terminator.

Sin embargo, el enorme físico del actor austríaco hacía imposible construir una armadura creíble.

Finalmente fue elegido Peter Weller, un actor mucho menos conocido pero con una extraordinaria capacidad física.

Su preparación fue tan intensa que entrenó durante semanas con el mimo Moni Yakim, profesor de la Juilliard School, aprendiendo a caminar, girar y mover los brazos como si realmente fuera una máquina.

Paradójicamente, cuando comenzó el rodaje descubrió que el pesado traje hacía imposibles todos aquellos movimientos cuidadosamente ensayados.

Un traje que era casi una tortura

El diseño del traje, creado por Rob Bottin, representó uno de los mayores desafíos técnicos de la producción.

Pesaba alrededor de 18 kilogramos y requería entre 8 y 10 horas para ser colocado completamente.

Durante el verano de Dallas, Texas, donde se filmaron muchas escenas, las temperaturas superaban los 38 °C.

El calor dentro de la armadura era tan intenso que Peter Weller perdía varios kilos de peso durante una jornada de grabación.

En algunas ocasiones hubo que detener el rodaje porque el actor estaba al borde del colapso físico.

Una violencia nunca antes vista

Uno de los elementos más recordados de RoboCop es su brutal violencia.

La secuencia en la que la banda de Clarence Boddicker, interpretado magistralmente por Kurtwood Smith, ejecuta a Murphy sigue siendo una de las escenas más impactantes del cine de los años 80.

La Motion Picture Association of America (MPAA) calificó inicialmente la película con clasificación X, equivalente a cine para adultos.

El estudio tuvo que recortar varias escenas especialmente sangrientas hasta obtener la clasificación R, indispensable para lograr una distribución comercial masiva.

Irónicamente, las versiones restauradas posteriores recuperaron gran parte del metraje eliminado.

Una sátira disfrazada de película comercial

Aunque muchos espectadores acudieron esperando una película de acción, encontraron algo mucho más complejo.

Los falsos noticieros, anuncios publicitarios y programas televisivos que aparecen entre las escenas construyen un retrato satírico de una sociedad obsesionada con el consumo, las armas y el entretenimiento.

El lema de la corporación Omni Consumer Products (OCP) resume perfectamente la crítica: «Good business is where you find it.»

La película cuestiona hasta qué punto una empresa privada puede controlar la policía, la justicia y, finalmente, la propia vida humana.

Éxito en la taquilla mundial

Con un presupuesto cercano a los 13 millones de dólares, RoboCop superó todas las expectativas.

Recaudó aproximadamente 53 millones de dólares solo en Estados Unidos y más de 85 millones en todo el mundo, convirtiéndose en uno de los mayores éxitos comerciales del verano de 1987.

Terminó entre las 20 películas más taquilleras del año en el mercado estadounidense, una posición extraordinaria para una producción relativamente modesta frente a gigantes como Fatal Attraction, Beverly Hills Cop II, Three Men and a Baby y The Untouchables.

El éxito permitió la creación de una franquicia compuesta por secuelas, series de televisión, dibujos animados, videojuegos, novelas y cómics.

Premios y reconocimientos

La crítica recibió la película con un entusiasmo inesperado.

En la ceremonia de los Premios Óscar de 1988, RoboCop obtuvo:

  • Óscar Especial al Logro Técnico por la edición de efectos de sonido.
  • Nominaciones a Mejor Montaje y Mejor Sonido.

Con el paso del tiempo, su prestigio no dejó de crecer.

Actualmente figura entre las mejores películas de ciencia ficción jamás realizadas en numerosos listados elaborados por publicaciones como Empire, Time Out, IGN, Rolling Stone y el American Film Institute, mientras que el personaje de RoboCop es considerado uno de los héroes más emblemáticos del cine de acción.

Una influencia gigantesca sobre Hollywood

La huella de RoboCop puede rastrearse en decenas de producciones posteriores.

Películas como Universal Soldier, Judge Dredd, Upgrade, Chappie, Ghost in the Shell, District 9 e incluso aspectos de The Matrix heredaron parte de sus reflexiones sobre la relación entre el ser humano y la tecnología.

También transformó la forma de utilizar efectos prácticos, maquillaje prostético y animación cuadro por cuadro, especialmente gracias al trabajo del legendario especialista Phil Tippett, responsable de las secuencias del robot ED-209.

Una película que predijo el siglo XXI

Quizá el aspecto más impresionante de RoboCop sea su capacidad para anticipar problemas que hoy forman parte del debate mundial.

La inteligencia artificial.

Los drones policiales.

Las grandes empresas controlando servicios públicos.

La sustitución del trabajo humano por máquinas.

La vigilancia permanente.

La manipulación informativa mediante medios de comunicación sensacionalistas.

En 1987, todo aquello parecía exagerado.

Cuatro décadas después, muchas de esas cuestiones ocupan el centro de la discusión política y tecnológica.

El legado de Peter Weller

Para Peter Weller, la película cambió completamente su carrera.

Aunque posteriormente desarrolló una destacada trayectoria como actor y obtuvo un doctorado en Historia del Arte del Renacimiento Italiano, siempre ha reconocido que el personaje de Alex Murphy lo acompañará para siempre.

En convenciones de fanáticos suele repetir una de las frases más recordadas del cine de ciencia ficción: «Dead or alive, you’re coming with me.»

Una línea que resume la determinación del personaje y que forma parte del imaginario colectivo de varias generaciones.

Mucho más que un clásico de acción

Con frecuencia, RoboCop es recordada por sus explosiones, persecuciones y efectos especiales. Sin embargo, reducirla a una película de acción sería ignorar su verdadera dimensión. Paul Verhoeven utilizó el lenguaje del entretenimiento para construir una crítica feroz contra la mercantilización de la sociedad, la corrupción institucional y el poder desmedido de las corporaciones. Bajo su superficie de espectáculo, la película plantea una pregunta profundamente humana: ¿qué permanece de una persona cuando su cuerpo, sus recuerdos e incluso su identidad son apropiados por otros?

Esa reflexión mantiene intacta su vigencia. En una época marcada por la inteligencia artificial, la automatización y el creciente poder de las grandes empresas tecnológicas, RoboCop resulta más actual que nunca. Lo que en 1987 parecía una visión futurista hoy se percibe como una advertencia sorprendentemente lúcida. Por eso, casi cuatro décadas después de su estreno, sigue siendo una de las obras más influyentes, provocadoras e indispensables de la historia del cine de ciencia ficción.

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