Tras la tempestad provocada por la operación Resolución Absoluta, pocos esperaban un escenario de calma en Venezuela. Sin embargo, lo que resultó verdaderamente inesperado fue el abierto desdén del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hacia María Corina Machado, así como su manifiesta indiferencia frente a Edmundo González Urrutia, el dirigente que Washington había reconocido como presidente legítimo durante la administración de Joe Biden, tras el fraude electoral de julio de 2024.

El impacto de las declaraciones del mandatario republicano fue inmediato. La oposición y la mayoría del electorado venezolano —un 68 % que votó masivamente contra el régimen bolivariano— quedaron atónitos al escuchar, el sábado, a Trump señalar a Delcy Rodríguez, pendiente de asumir la Presidencia por orden del Tribunal Supremo venezolano, como una interlocutora válida para una transición que, según sus propias palabras, enterraría definitivamente al régimen con ayuda del propio régimen. En ese contexto, Trump se refirió a Rodríguez como “vicepresidenta” dispuesta a “colaborar”, según le habría manifestado a su secretario de Estado, Marco Rubio.

El desconcierto y el desánimo se instalaron rápidamente en las filas opositoras, que durante años han sostenido una resistencia prolongada frente a la dictadura bolivariana. La evidencia de un golpe político público a María Corina Machado —a quien Trump había elogiado en reiteradas ocasiones— y el abrupto retiro de legitimidad al presidente electo abrió una suerte de caja de Pandora sobre los posibles desenlaces del proceso venezolano.

La líder opositora, recientemente distinguida con el Premio Nobel y sorprendida por la captura de Maduro en algún punto de Europa, podría estar asumiendo ahora que su salida del país dejó a la oposición sin conducción efectiva sobre el terreno. Sin una figura de reemplazo ni un liderazgo alternativo capaz de movilizar a las masas, el silencio y el miedo parecen imponerse en el país.

Paradójicamente, el desaire de Trump también dejó sin reacción pública tanto a Machado como a Edmundo González Urrutia. La ironía de este momento histórico es que, frente a su mutismo, ambos han recibido gestos de respaldo desde Europa. Emmanuel Macron escribió en X: “Deseamos que el presidente Edmundo González Urrutia, elegido en 2024, pueda asegurar esta transición lo antes posible”. Friedrich Merz reiteró que “las pasadas elecciones fueron amañadas”, mientras que Alberto Núñez Feijóo difundió un comunicado y un mensaje en redes reconociendo a González Urrutia como presidente legítimo.

En paralelo, María Corina Machado y su entorno, aún en estado de shock, solicitaron explicaciones a la administración Trump por la insólita afirmación de que carecería “del respeto y del apoyo suficiente de los venezolanos”. El gesto adusto del secretario de Estado, Marco Rubio, reflejaba el desconcierto interno cuando su jefe se refería en esos términos a una dirigente con la que había mantenido una relación fluida y una hoja de ruta compartida, abruptamente alterada en la recta final.

“No hay vida para nosotros con Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López en el gobierno”, confió una fuente de la oposición conocedora de las negociaciones. Aunque el objetivo prioritario de la intervención de fuerzas especiales estadounidenses era la captura de Maduro, para la oposición nada puede cambiar si no se neutraliza en paralelo —o en los días siguientes— a los tres hombres más temidos del régimen: los ministros del Interior y de Defensa, y un tercero cuyo nombre provoca pánico en la población, Alexander Granko Arteaga, el general conocido como “el hombre de las mil caras”.

“El primer paso era anular el aparato represor, pero Washington decidió hacerlo al revés”, lamentan en la oposición. “Los Rodríguez son más salvables, pero mientras estén Diosdado, Padrino y Granko Arteaga no hay posibilidad de nada”, sostienen.

En ese escenario, la pregunta central emerge con fuerza: ¿por qué Trump “blanqueó” a Delcy Rodríguez en una rueda de prensa junto a Marco Rubio, el secretario de Defensa Pete Hegseth y el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine?

Para Martín Rodil, especialista venezolano-israelí en inteligencia y narcotráfico —responsable de la entrega de más de un centenar de delincuentes internacionales a Estados Unidos— la respuesta es categórica. “Delcy traicionó a Maduro. Fue la pieza más importante de la CIA y es quien entrega a Maduro. Por eso se queda temporalmente en el poder”, afirmó sin titubeos.

En una entrevista con la periodista Nitu Pérez Osuna, Rodil fue consultado por la aparente contradicción entre esa tesis y el llamado público de Rodríguez a salir a las calles en defensa del régimen. El especialista explicó que se trata de lo que en el mundo de la inteligencia se conoce como Kabuki Theatre: una puesta en escena diseñada “para que nadie sospeche” que la delatora fue ella.

“Con absoluta certeza”, añadió, su “hermano Jorge también” habría formado parte del acuerdo con la CIA, pese a que Delcy Rodríguez debería jurar ese mismo lunes como presidenta de Venezuela por mandato del Tribunal Supremo chavista.

Según Rodil, las motivaciones de los hermanos Rodríguez responderían a una lógica de supervivencia política. “Ella en cualquier momento puede caer presa, también tiene causas judiciales pendientes en Estados Unidos”, explicó, señalando que ambos buscarían “una salida o un exilio dorado” negociado con las autoridades estadounidenses.

La versión del especialista, radicado desde hace 26 años en Estados Unidos, proyecta un escenario especialmente delicado para Delcy Rodríguez y para el titular de la Asamblea Nacional, que en teoría este 5 de enero renovará todos los escaños. “Delcy va a tener problemas para explicarle a su gente por qué cayó de pie tras la operación Resolución Absoluta”, advirtió.

No es casual que, apenas un día antes, el presidente Trump lanzara una advertencia directa a la todavía vicepresidenta: “Si no hace lo correcto, pagará un precio muy alto, mucho más alto que el de Maduro”.

Rodil, a menudo comparado con Simon Wiesenthal por su colaboración con los servicios de inteligencia estadounidenses en la captura de represores y delincuentes internacionales, también entregó detalles sobre la “extracción” de Maduro y Cilia Flores. Según relató, el exmandatario fue trasladado en helicóptero, barco y avión hasta llegar a Nueva York; descendió esposado, con chancletas sin cordones, tras ser sometido a la toma de huellas dactilares y a un examen médico. “Si se hubiera resistido, le habrían matado”, concluyó con seguridad.

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