El paso de una baja segregada este sábado dejó más de 300 viviendas anegadas, cortes de luz masivos y deslizamientos de tierra en la Región Metropolitana.
SANTIAGO – Lo que comenzó como un alivio ante el calor veraniego terminó en una emergencia climática. El pasado sábado 31 de enero de 2026, la Región Metropolitana fue azotada por un fenómeno de baja segregada que descargó lluvias torrenciales, granizos y tormentas eléctricas, dejando un saldo de daños estructurales y miles de hogares sin suministro eléctrico.
El caos en Maipú: Vehículos arrastrados y viviendas inundadas
La comuna de Maipú se convirtió en la «zona cero» de la jornada. Las intensas precipitaciones, que alcanzaron los 18 mm en solo una hora, colapsaron los sistemas de alcantarillado. En sectores como Camino a Melipilla, la acumulación de agua fue tal que varios vehículos particulares y buses del transporte público quedaron atrapados o fueron desplazados por la corriente.
Según el balance preliminar de las autoridades, se contabilizan más de 300 viviendas con daños por anegamiento, siendo Maipú y las zonas rurales de Buin las más perjudicadas.
Emergencia en la zona oriente: Aluviones en Lo Barnechea
La precordillera no quedó exenta de peligro. En Lo Barnechea, la activación de quebradas provocó un deslizamiento de tierra en el Camino a Farellones (kilómetro 5,5), dejando a cerca de 20 personas aisladas. Equipos de emergencia trabajaron durante la madrugada para despejar la ruta y restablecer la conectividad.
Por otro lado, en Las Condes, el desborde de un canal en San Carlos de Apoquindo generó preocupación entre los vecinos, aunque el rápido despliegue municipal evitó que el agua ingresara a las residencias principales.
Cifras clave de la jornada:
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Cortes de luz: 26.000 clientes afectados en el peak de la tormenta.
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Precipitaciones: Registro récord para enero en estaciones meteorológicas del centro.
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Temperatura: Ambiente de alta humedad con máximas de 28°C.
¿Por qué llovió en Santiago este verano?
El meteorólogo de turno explicó que este evento se debió a una baja segregada (núcleo frío) que se desplazó de forma inusual hacia la zona central. Este fenómeno, sumado a las altas temperaturas del suelo, potenció la formación de nubes de gran desarrollo vertical, provocando los rayos y granizos observados.



