La familia más célebre, Los Simpson, alcanzó un nuevo hito en la historia de la televisión estadounidense: la emisión de su episodio número 800. Con ello, Los Simpson reafirma su condición de la serie animada y de comedia más longeva de Estados Unidos, un fenómeno que trasciende generaciones y plataformas.
El productor ejecutivo y showrunner Matt Selman ofreció una reflexión que revela la particular relación del equipo creativo con el paso del tiempo. En diálogo con Page Six, confesó que nunca vivió la serie bajo la amenaza de un cierre inminente: jamás se fue a dormir pensando que el programa estaba por terminar. Esa percepción, más que optimismo, sugiere una dinámica interna donde la continuidad es casi un estado natural.
El episodio conmemorativo, titulado “Irrational Treasure”, trasladó a la familia a Filadelfia y contó con participaciones de Quinta Brunson, Kevin Bacon, Questlove y Noah Wyle. La elección de invitados y el tono del capítulo evidencian que, incluso tras casi cuatro décadas, la serie mantiene su capacidad de dialogar con la cultura popular contemporánea.
Para Selman, el arribo a los 800 episodios no se explica únicamente por inercia histórica, sino por la fidelidad —y renovación— del público. Tras la fusión entre 20th Century Fox y The Walt Disney Company en 2019, y la posterior incorporación de la serie al catálogo de Disney+, una nueva generación de espectadores accedió al archivo completo. La plataforma digital no solo revitalizó la audiencia, sino que transformó a la serie en objeto de consumo continuo, desligado de la lógica semanal tradicional.
Uno de los rasgos que más alimentaron el mito de la serie es su aparente capacidad predictiva. Desde la compra de Fox por Disney hasta la presidencia de Donald Trump, las coincidencias entre ficción y realidad despertaron asombro global. Selman, sin embargo, adopta una postura racional: considera que todo responde a la estadística y al volumen. Después de cientos de episodios y miles de chistes, lo verdaderamente improbable sería no haber anticipado nada. La acumulación narrativa, más que clarividencia, explicaría el fenómeno.
A nivel creativo, el showrunner subraya un elemento estructural: la relativa libertad otorgada por la cadena. La escasa intervención ejecutiva permitió experimentar sin mayores restricciones, condición que favorece la reinvención constante. El proceso de escritura, añade, se sostiene en la espontaneidad: intentar predecir —o evitar predecir— acontecimientos futuros solo entorpecería la frescura del humor.
El episodio 800 incluye además un momento particularmente significativo: un discurso de Marge sobre la experiencia de tener una mascota. Selman lo definió como una carta de amor al programa, a James L. Brooks —cocreador de la serie—, a las mascotas y al propio personaje de Marge. La escena combina absurdo y emotividad, y reafirma una de las claves del éxito: bajo la sátira persistente late una exploración honesta de las tensiones emocionales contemporáneas.
En cuanto a la competencia, Selman reconoce que no buscan replicar el modelo de South Park, célebre por su inmediatez y mordacidad. Mientras aquella serie reacciona casi en tiempo real a la coyuntura, Los Simpson prefieren una sátira más decantada, capaz de absorber la actualidad y procesarla con distancia.
Sobre el futuro, Selman ensaya una cifra simbólica: mil episodios como horizonte redondo y elegante. Sin embargo, admite que la decisión final probablemente exceda su voluntad. De hecho, recuerda que ya realizaron un capítulo que parodiaba todos los posibles finales, una suerte de declaración meta-televisiva: si algo define a Los Simpson, es su resistencia a clausurarse. En un ecosistema audiovisual dominado por ciclos breves y consumos efímeros, su permanencia no solo es un récord, sino también una anomalía cultural que redefine la idea misma de duración en la ficción televisiva.
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