LA HABANA – La situación en Cuba ha alcanzado un punto de inflexión este inicio de febrero de 2026. La isla se enfrenta a una de sus crisis energéticas más severas de la última década, marcada por apagones masivos que afectan a más del 80% del territorio nacional y una compleja reconfiguración de sus alianzas internacionales.
Emergencia energética: La isla a oscuras
El sistema eléctrico nacional (SEN) se encuentra en un estado de colapso técnico. La falta de mantenimiento en las centrales termoeléctricas y, fundamentalmente, la escasez de combustible, han provocado cortes de luz que superan las 18 horas diarias en provincias fuera de la capital. La parálisis económica resultante ha generado una creciente tensión social y un desplome en la producción de servicios básicos.
El rol de México: Alimentos sí, petróleo no
En las últimas horas, el gobierno de México ha confirmado el envío de un buque con ayuda humanitaria, consistente principalmente en toneladas de alimentos básicos para paliar la escasez en las bodegas estatales. Sin embargo, esta noticia llega acompañada de un dato alarmante para el Palacio de la Revolución: se ha reportado la suspensión de los envíos de petróleo crudo desde México.
Este cambio en la política energética mexicana —que durante años fue un pulmón vital para la isla— responde a una creciente presión diplomática interna y regional, obligando a Cuba a buscar proveedores alternativos en un mercado internacional cada vez más restrictivo.
Presión diplomática internacional
La comunidad internacional observa con lupa el deterioro de la calidad de vida en la isla. Diversos organismos han solicitado la apertura de corredores humanitarios más amplios, mientras que la presión diplomática desde Washington y la Unión Europea se intensifica, condicionando posibles alivios económicos a reformas estructurales internas.



