“Cilita”, como la llama públicamente el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, acumula más de una década ejerciendo el rol de primera dama —aunque dentro de la jerga oficial del chavismo se le denomina “primera combatiente”— y más de 30 años de relación con el actual mandatario. Un período en el que Cilia Flores no solo consolidó su cercanía personal con el poder, sino que también construyó un capital político propio, al punto de ser considerada una de las mujeres más influyentes de la estructura política venezolana.

De acuerdo con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tanto Maduro como Flores fueron capturados y trasladados fuera de Venezuela luego de que fuerzas estadounidenses ejecutaran un ataque nocturno a gran escala en Caracas durante la noche del sábado, un hecho que reconfiguró de manera abrupta el escenario político y diplomático regional.

La dimensión judicial del episodio fue detallada por la secretaria de Justicia de Estados Unidos, Pam Bondi, quien informó a través de la red social X que “Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, han sido acusados formalmente en el Distrito Sur de Nueva York”. En el mensaje, Bondi precisó que el mandatario venezolano enfrenta cargos por conspiración para el narcoterrorismo, conspiración para la importación de cocaína, posesión de ametralladoras y artefactos destructivos, además de conspiración para poseer este tipo de armamento contra Estados Unidos. “Pronto enfrentarán todo el peso de la justicia estadounidense en suelo estadounidense y en tribunales estadounidenses”, añadió.

La trayectoria política de Flores está íntimamente ligada al núcleo duro del chavismo. Junto a Maduro —quien en ese momento ya ejercía como vicepresidente— acompañó a Hugo Chávez durante sus últimos meses de vida en Cuba. Esa cercanía simbólica y política quedó reflejada incluso en su perfil de Twitter, abierto en 2015, donde se definía como “Hija de Chávez”, descripción que años más tarde reemplazó por “chavista”.

Flores y Maduro se conocieron tras el emblemático “por ahora” pronunciado por Chávez en 1992, aunque durante años su relación personal se mantuvo al margen de los rituales formales del poder. El “para siempre” llegó recién en julio de 2013, cuando contrajeron matrimonio luego de más de dos décadas de relación y poco tiempo después de la victoria electoral de Maduro frente al entonces candidato opositor Henrique Capriles.

Para la académica Carmen Arteaga, doctora en Ciencia Política y profesora asociada de la Universidad Simón Bolívar, el rol de Flores dentro del chavismo va mucho más allá de su condición protocolar. “Ella tiene todo un trabajo político. Cuando llega a primera dama, pasa a un segundo plano. Pero para muchos, es el poder detrás del trono o una asesora de primera línea”, explicó a CNN. Según la especialista, tras el matrimonio, Flores redujo de forma drástica su exposición pública. “Cuando se casan, bajó muchísimo el perfil, casi no hace declaraciones públicas, no compite por el espacio, da un paso atrás”, agregó, reforzando la idea de una influencia ejercida desde la discreción más que desde la tribuna.

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